Por nuestra historia. Por nuestro escudo. Por todos los que hicieron del Hércules una forma de entender Alicante.
Hay camisetas que representan a un equipo. Y hay camisetas que representan una historia.
Porque vestir de blanquiazul no es únicamente ponerse una camiseta. Es llevar sobre el pecho más de un siglo de recuerdos, de tardes de fútbol, de generaciones que crecieron viendo al Hércules, de nombres que quedaron para siempre ligados a nuestro escudo y de una ciudad que encontró en sus colores una parte de sí misma.
Donde todo empezó.
En aquellas primeras camisetas, en aquellos primeros partidos y en aquellos primeros herculanos que decidieron que este club sería mucho más que un equipo de fútbol. Desde entonces, el tiempo ha cambiado muchas cosas. Han cambiado las generaciones, los estadios, los jugadores y las competiciones.
Pero hay algo que permanece.
El escudo.
Ese escudo que ha pasado de padres a hijos. Que ha estado presente en los grandes momentos y también en los más difíciles. Que ha acompañado al Hércules en cada ascenso, en cada regreso, en cada victoria y en cada derrota.
Un escudo que no pertenece a una época.

Nos pertenece a todos.
La nueva primera equipación nace precisamente de ahí: de mirar hacia atrás para seguir caminando hacia delante.
De recuperar nuestra esencia.
De reconocer nuestras raíces y rendir homenaje a quienes, mucho antes que nosotros, hicieron posible que hoy podamos hablar del Hércules con orgullo.
Porque cada detalle tiene un significado. Cada línea conecta con una historia. Cada color representa una identidad.

El blanquiazul no se elige. Se hereda.
Y esta camiseta quiere ser un nuevo capítulo de una historia que comenzó hace décadas y que todavía estamos escribiendo.
Una historia que vive en las gradas del José Rico Pérez. En las calles de Alicante. En quienes guardan aquella camiseta de su infancia. En quienes recuerdan su primer partido. En quienes aprendieron a querer al Hércules viendo a sus padres o a sus abuelos.

